Hijo…

Por 1 abril, 2012 Devocionales

Jackson Brown no es un gran pensador, ni un Nobel de literatura. Es solo un hombre común, un padre preocupado por la felicidad de su hijo que quiso escribir estos simples pensamientos, al momento que este se iría a estudiar a la Universidad, lejos de su casa. Su hijo decidió fotocopiarlos y los distribuyo entre sus compañeros de estudio. Tuvieron tanto éxito, que una editorial le pidió autorización a Brown para editar un libro con ellos. Poco tiempo después, ampliado bajo el titulo “Vivir Feliz”, se convirtió en un “Best Seller” que lleva decenas de ediciones y millones de ejemplares traducidos a varios idiomas.

“Observa el amanecer por lo menos una vez al año. Estrecha la mano con firmeza, y mira a la gente de frente a los ojos. Elige a un socio de la misma manera que elegirías a un compañero de tenis: busca que sea fuerte donde tú eres débil y viceversa.  Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra. Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa. Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución. Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión. No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. ¡Ya lo sabe! Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche. Muestra respeto “extra” por las personas que hacen el trabajo más pesado. Aprende a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas. Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades. Recuerda el viejo proverbio: “Sin deudas, sin peligro”.

“Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. Acude a tus compromisos a tiempo. Confía en Dios, pero cierra tu coche con llave. Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también “el gran riesgo”. Nunca confundas riqueza con éxito. No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos. No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta. No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.

 No confundas confort con felicidad. Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos. Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento. Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres. Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles. La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo… simplemente disfruta al máximo de todo lo que Dios pone en su camino”

Pastor Ciceroni Comanescu.

Rey Salvador
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