Conocí la Iglesia Adventista cuando tenía 7 años. Desde muy pequeña disfrutaba asistiendo a la Escuela Sabática, participando en el coro infantil y aprendiendo cada día más acerca de Jesús. Sin embargo, fue a los 19 años cuando decidí entregar mi vida a Él mediante el bautismo, al comprender que sin Él mi vida no estaría completa.
Poco después comencé a servir como monitora en el Club de Aventureros, gracias a la invitación de mi suegra. Junto a ella aprendí que servir es un privilegio y que Dios nos moldea para enseñar con amor a los más pequeños. Fue allí donde nació mi pasión por el ministerio: descubrí que acompañar a los niños en su crecimiento espiritual también fortalecía mi propia relación con Dios.
Más adelante trabajé en el Colegio Adventista del barrio de Liberdade, en São Paulo, como secretaria de la Orientadora Educacional, y fui directora del Ministerio Infantil en mi iglesia local. Fueron experiencias que me enseñaron la importancia de poner a Dios en el centro de cada aspecto de la vida: el trabajo, la familia y el crecimiento espiritual.
En 2017 comencé a colaborar en el Club de Exploradores de la Iglesia Adventista de Madrid Aluche. Mi deseo inicial era acompañar a mi hija en esa etapa, pero pronto descubrí que Dios me llevaba de nuevo a uno de los lugares donde más feliz soy: trabajar con niños y adolescentes, ayudándolos a conocer y amar cada día más a Jesús. En 2021 recibí el llamado para dirigir el Club de Exploradores Alfa y Omega, ministerio que desempeñé con dedicación, fe y pasión hasta febrero de 2026.
A lo largo de mi vida he aprendido que Dios dirige mi camino. Soy consciente de que soy una persona imperfecta, pero también sé que Dios no llama a los perfectos: Él capacita a personas imperfectas para cumplir su propósito. Esa certeza me anima a seguir sirviendo con alegría, gratitud y confianza, recordando que, sin Él, nada de esto habría sido posible.

Conocí a Renato cuando tenía 19 años y, desde el principio, sentí que era la respuesta a una de mis mayores oraciones: siempre había pedido a Dios un esposo que me ayudara a acercarme más a Él, que compartiera mis principios y que amara al Señor por encima de todo.
Nos casamos en 2012, cuando ambos teníamos 24 años, y en 2014 nació nuestra primera hija, Isabela. En 2016 nos trasladamos a España por motivos laborales de mi esposo. Dejamos atrás nuestra zona de confort y a nuestros familiares, pero a lo largo de ese proceso vimos claramente cómo el Señor abría puertas, cuidaba de nosotros y guiaba cada uno de nuestros pasos. En 2020, en plena pandemia, llegó Julia, nuestra segunda hija: una nueva demostración de su amor y de su fidelidad hacia nuestra familia.
Durante estos años en España, Dios ha puesto en nuestro camino personas que comenzaron siendo amigos y que hoy forman parte de nuestra familia. Para mí, la familia significa cuidado, refugio y amor; es el lugar donde aprendemos a servir, a perdonar y a crecer juntos. Hoy puedo decir con certeza que, allí donde Dios nos lleva, también prepara un hogar y la seguridad de que nunca estaremos solos.
Disfruto mucho de las actividades al aire libre. Me gusta montar en bicicleta porque, mientras pedaleo, puedo disfrutar de la naturaleza y tener un tiempo especial a solas con Dios. También me encantan las caminatas y las aventuras, ya que me permiten descubrir nuevos lugares, desconectar de la rutina y admirar la creación de Dios.
Entre mis hobbies favoritos están la repostería, la cocina y la fotografía. Me encanta preparar postres y comidas porque, a través de ellos, puedo compartir momentos de alegría con quienes me rodean. La fotografía es otra de mis grandes pasiones: me permite capturar instantes únicos y conservar recuerdos que después revivimos con mucho cariño.
Mi tiempo libre tiene un protagonista muy especial: mi familia. Como familia disfrutamos especialmente de las acampadas y la natación. Como buena exploradora, el contacto con la naturaleza y la vida de campamento forman parte de nuestra forma de vivir.


Dios me ha permitido servir en diferentes áreas del ministerio a lo largo de mi vida, pero siempre con un mismo propósito: ayudar a que niños, adolescentes y jóvenes puedan conocer a Jesús y desarrollar una relación personal con Él.
Mi liderazgo comenzó en el Club de Aventureros, donde descubrí que el ministerio no consiste únicamente en enseñar, sino en acompañar, escuchar, cuidar y reflejar el amor de Cristo en cada actividad. Al llegar a España continué sirviendo en el Club de Exploradores y, posteriormente, dirigí el Club Alfa y Omega, procurando que cada actividad, campamento, reunión e investidura fuera una oportunidad para que los menores crecieran física, mental, social y espiritualmente.
En febrero de 2026, tras participar en el proceso de selección, recibí el llamado para servir como secretaria de la Juventud Adventista de España. Mi deseo es que, desde esta responsabilidad, pueda contribuir a que cada proyecto se desarrolle con excelencia y sea una herramienta para acercar a más personas a Cristo.
Entiendo el liderazgo como un servicio: un líder no está llamado a ocupar un lugar de protagonismo, sino a servir con humildad, escuchar, acompañar y trabajar en equipo.
«El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor». (1 Juan 4:8)
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